jueves, 28 de enero de 2016

Me encontré con Ramona

Esta semana me encontré con Diana en pleno centro de la ciudad. Me dio vergüenza recordar que hace 15 años, cuando teníamos 17, y éramos novios de colegio y nos dábamos unas vibrantes revolcadas. En las tardes, nos volábamos de clase y nos íbamos a mi casa o a la suya, según la casa que quedara sola. Tenía un hermoso lunar en la nalga que yo siempre le mordía y que le puse el nombre de Ramona. Y utilizábamos esa clave para decirnos cosas en secreto como “¿Si vamos a montar bici con Ramona?” o “lo rico que estuvo ayer el capítulo de Ramona” Y ella le puso a mi sexo Arturo, porque así se llamaba un vendedor de perros que surtía el pan con una salchicha alemana olorosa y agría.

Cuando vi a Diana de lejitos caminando por la acera, tenía de la mano a un tipo. Diana y yo nos saludamos con sonrisita y piquito formal.

―Te presento a mi esposo.

“Carajo, el esposo”, alcancé a pensar antes de estirar la mano.

―Es un compañero del colegio ―me presentó con Rodrigo Alfonso.
En el semáforo, un carro frenó en seco y ambos giraron para mirar. Casi volteo también, pero en un reflejo hermanado con el saqueo, aproveché para mirarle a Diana las tetas. “Juemadre, las mismas de siempre”.
Giraron a mí de nuevo.

―¿Volviste a ver a Ramona? Me preguntó.

¡Se acordaba!

―Sí, ―dije muy serio― alguna vez me lo encontré. Estaba con Arturo.

―Soltó una carcajada incontrolable.

Conversamos un poco, pero yo no me sacaba de la cabeza el recuerdo de una foto que le tomé a sus pezones. No sé cómo fui capaz de despedirme de Rodrigo Alfonso mirándolo a la cara y recordando los pliegues exactos de Ramona.

A los días, saliendo de cine con mi esposa, caminando por un pasillo del centro comercial, nos encontramos con un amigo suyo. Mi esposa lo saludó, pero sin darle piquito ni nada.

―Es un compañero del colegio ―me dijo―. Te presento a mi esposo ―le dijo al hombre y él y yo nos dimos la mano.

―Mario Leandro Lijonto ―dijo. 

Me puse muy nervioso. El karma, el maldito karma. Luego de un breve y superficial cruce de preguntas de viejos amigos, Mario Leandro le preguntó por Milagros.

Yo solo pude parpadear y tensionar el tronco. No lo podía creer, ese sujeto también conocía a Milagros, la flor que mi esposa guardaba entre las piernas para mí. O bueno, ya no era solo para mí.

―¿Milagros? ―contestó mi esposa contrariada.

El hombre puso una cara como de “hay algo que solo sabemos tú y yo y por eso pongo esta cara de pendejo”.

―¿No recuerdas a Milagros? ―volvió a preguntar Mario Leandro clavándole los ojos a mi esposa para presionarle el recuerdo.

Para mí, este sujeto ya no era Mario Leandro Lijonto, sino Mario Güevardo Litonto. Mi esposa seguía negando con la cabeza y arrugando la frente.

―Una chica muy linda, que, en efecto, hacía Milagros ―dijo Litonto.

Idiota. Empecé a arrastrar a mi mujer para que nos largáramos de una vez.

 ―No, no la recuerdo.

Nos despedimos.

Yo estaba delirando de rabia. Pero me quedé callado.

―No te hagas ―me dijo mi esposa―, sé que estás muy enojado.

―Qué va ―dije.

―No puedo creer que estés enojado nivel: me pongo celoso de lo que hiciste cuando no estabas conmigo.

―No es eso, es que Milagros es Milagros. ¿Por qué no podías ponerle otro nombre?

―¿Acaso tú se lo has cambiado a Arturo? Yo sé que Arturo le hacía la visita a Ramona, a Dolores, a Amanda, y nunca te he dicho nada. Igual le sigo llamando así. Y me gusta Arturo, me gusta ese nombre.

―Ya, ok, ya entendí, entonces no jodo porque también tengo el pecado.

Nos quedamos callados un rato.

―¿Entonces ese pendejo también besó a Milagros?

―¿Ay, Andrés…, vas a empezar de nuevo?

Un corazón roto



Gabriel es un cantante de rock, que viste botas, jeans, chaleco y sombrero vaquero. Canta las mejores baladas de despecho de Poison y Bon Jovi. Lleva colgado en el cuello una cajita. En ella lleva trozos de vidrio roto. Es su corazón, que una bandida le hizo pedacitos con puntazos de sus tacones.

El hombre tiene una voz del putas. Tiempla la garganta, arremete contra el micrófono y uno siente en los pelitos de los brazos lo que el hombre canta. A diferencia de Santiago, que todavía vive en la casa de la mamá, tiene una voz excelente, pero todavía no le han dado taconazos en el corazón.

―¿Y por eso no es capaz de arrugar la cara cantando como el vaquero?

―Sí, querido, por eso. Hay que esperar a que unos tacones con medias de mallas le machuquen al corazón para que entienda que un corazón roto canta más sincero y más lindo.

viernes, 1 de agosto de 2014

Casi te matamos

En mitad de una cuadra de barrio, a las doce del día, me alcanzó un sujeto:
-¿Usted se llama Guillermo?
-No, yo no me llamo así.
-¡¿Nooo?! Uy, llave, casi lo matamos. Lo confundimos y lo íbamos a quebrar.
Palidecí. En Medellín, así son las cosas. Si te confunden, te meten dos tiros en el pecho, te dejan tirado en el pavimento y para los pillos la vaina sigue como si nada hubiera pasado.
En ese momento llegó otro sujeto. Eran compañeros. El otro nos alcanzó, me miró y se devolvió a la esquina de atrás. El sujeto siguió hablando:
-Si usted no gira para mirar los carros de la calle –dijo-, no lo reconocemos y lo pelamos.
Quedé paralizado. Estaba metido en un lío el hijueputa. Y lo peor es que no sabía cómo salir del apriete. El hombre siguió:
-Nosotros somos del combo del barrio. ¿Usted cómo se llama?
-Carlos –contesté.
-Venga, mano, le hago unas pregunticas.
Y me hizo dar unos pasos contra la pared. En ese momento supe cómo era el asunto: no iban a quebrarme, iban a robarme. Los alumnos de la cárcel me enseñaron la técnica. Tenía que encontrar la manera de escapar de la estafa en la que estaba a punto de caer
-¿Usted vive por acá?
El hombre me miraba sereno, pero muy seguro de lo que estaba haciendo.
-No, no vivo por acá –, le dije para ganar unos segundos y pensar cómo zafarme.
-¿Usted dónde vive?
En ese momento, reconocí mi oportunidad. Entonces le dije:
-¿Sabe qué, llave? –Y lo miré con extremada violencia-, yo también soy un ladrón. Y robo de la misma manera.
Y me largué a caminar.
-Ey, parcero, –me gritó desde atrás-. Venga le digo.
Yo seguí, despacio y resuelto, sin girar la cabeza.
-Ey, parcero -repitió.
Seguí caminando derecho hasta la estación del Metro. Tomé uno de los vagones, y en la próxima estación, muy alerta, cambié a otro. En la siguiente estación me bajé y esperé el siguiente tren. Y volví a cambiar de vagón. Cuando estuve completamente seguro de que no era seguido, caí abatido en una silla. El vagón estaba casi vacío. Me cogí la cabeza y sin poder controlarlo, rompí a llorar.


Lea también la crónica: Te hablo desde la prisión.

martes, 1 de julio de 2014

La vida comienza a los sesenta




En una de sus historias, Charles Bukowski cuenta que un amigo le trajo a su casa un corazón humano metido en un envase de vidrio lleno de formol. Aterrado por el regalo, Bukowski lo metió en el fondo de un armario para dejar de mirarlo. Pero cada noche, antes de sentarse a escribir, no podía evitar abrir el cajón. Cuando miraba el envase, pensaba lo mismo: odiaba el corazón humano. 

En la contraportada de sus libros, dice que nació en 1920 y murió en 1994, “fue el último escritor maldito de la literatura norteamericana” y se le compara con Henry Miller, Céline y Hemingway. Aunque él mismo nunca aceptó estas relaciones literarias. En una entrevista con Fernanda Pivano dijo de Miller: “las partes de los polvos eran extraordinariamente humanas, pero luego comienza con la filosofía y a hacerse preguntas, y cuando hacía esto, yo perdía el hilo y me dormía.” En la misma entrevista dijo de Hemingway: “se preocupa de la guerra y del valor y de la muerte, pero yo pensaba en el hombre vulgar que va a trabajar todos los días.” Es en el remate de esa respuesta donde hay un marco para sus propias historias.

En ellas se ocupa de las aventuras de un borracho y putañero, que apuesta a los caballos en los hipódromos y escribe en la resaca. Borracheras, calles, mujeres y piezucha sórdidas. Historias simples, de un hombre simple. Pero allí está la trampa. Allí está la ironía, esa que consiste en dar a entender lo contrario de lo que se dice. Alguien se acerca confiado a leerlo, pica la carnada y termina dando patadas de ahorcado. Porque lo que hace Bukowski en realidad es observar y describir ese terrible corazón humano, metido en un envase de vidrio.

Varios críticos y literatos han dicho que Bukowski es un escritor menor. "Es fácil escribir así", "No agrega nada", dicen. Patrañas. Es casi imposible escribir tal cual, tal cual el tiempo pasa. Sin invenciones, sin exageraciones, sin grandes espectáculos, ni resplandores gramaticales. Su estilo es preciso y parco. Héctor Abad Faciolince dijo alguna vez, de su mejor novela, El olvido que seremos, que estaba escrita en el nivel cero de la literatura. Es decir, en un lenguaje exageradamente sencillo, con imágenes simples. Y es cierto, la novela de Abad se lee de un tirón, pero tiene la contundencia para hacernos sentir impotentes y rabiosos ante la muerte de su papá. Los objetos, los personajes y las situaciones se describen de manera concisa y aparentemente superficial. Bukowski lo dijo: Un intelectual es el que dice una cosa simple de un modo complicado. Un artista es el que dice una cosa complicada de un modo simple.

En uno de sus relatos escribió: "Hacer el amor es darle patadas en el culo a la muerte mientras cantas." Más allá que sus historias sean obscenas, sus espacios contaminados, sus personajes vulgares y aún así tiernos e ingenuos, más allá de toda calificación, lo cierto es que sus relatos y poemas, a mí me gustan más sus poemas, tienen una técnica efectiva. En ellos trasmite pesimismo, simpatía, rabia, desazón, pero sobre todo humor, ese humor negro del que tiene la capacidad para reírse, aún cuando tiene el agua hasta el cuello.  

Bukowski escribió desde el colegio, pero solo tuvo éxito hasta que cumplió los cincuenta años. Durante su infancia, su padre era autoritario y brutal, le pegaba en exceso, sumiéndole en un estado de infelicidad del que ni el éxito económico ni los aplausos de sus últimos años le sacaron nunca. Él mismo lo confesó: “Es por culpa de mi niñez, sabes. Nunca supe lo que era el amor”. A los 13 años comenzó a beber, muy rápido se fue de la casa y comenzó a vagar por las calles de los bajos fondos de Hollywood, saltando de un trabajo a otro. Odiaba trabajar: "Es increíble lo que un hombre tiene que llegar a hacer sólo para poder comer, dormir y vestirse." Entonces se empleó en la oficina de correos. Fue Jhon Bryan quien le propuso escribir en Open City, una revista de garaje. Bukowski aceptó escribir en sus horas muertas: “No parecía haber presión alguna. Bastaba sentarse junto a la ventana, darle a la cerveza y dejar que saliese”. Llamó a la columna Escritos de un viejo indecente y en ella transcribió sus hazañas alcohólicas, hilarantes encuentros sexuales con mujeres mayores o con despojos de la clase trabajadora norteamericana de la que hacía parte. Aquellos escritos eran una sumatoria de quejas redactadas con esa rabia triste, de desahuciado, con la que media el mundo. 

¿Qué es el amor? Y Bukowski contestó: “El amor es una niebla que quema con la primera luz del día de la realidad." De su máquina salieron seis novelas (Cartero, Factotum, Mujeres, La senda del perdedor, Hollywood, y Pulp), cinco libros de relatos (Erecciones, eyaculaciones y exhibiciones; La máquina de follar; Se busca una mujer; Música de cañerías; y una recopilación de sus mejores Escritos de un viejo indecente) y una tonelada de poemas.

Cuando sus libros comenzaron a venderse en Europa, visitó Alemania y un grupo de feministas lo atacó y acusó de utilizar la imagen de la mujer como objeto sexual. Porque a primera vista, parece un machista sin remedio. Pero más allá de las líneas, se leen historias de amor, de hombres, de mujeres, incluso hay múltiples relatos donde el personaje masculino queda reducido. Como la historia del empleado que se ve obligado a llegar a las ocho en punto de la noche a la casa porque de lo contrario su mujer se largará. El hombre intenta cumplir con sus cosas, pero el patrón le impone más tareas. Está desesperado. Corre y corre. Cuando llega a la casa, su mujer se ha ido. En alguna parte ya lo dijo: “Algunos no encuentran su propio corazón hasta que no han perdido la cabeza”.

Un día despertó con la intensión de suicidarse. Salió a caminar buscando el momento adecuado, cuando leyó en un quiosco el titular de un periódico que anunciaba que un amigo se encontraba en el hospital por una teja que le había caído en la cabeza. Bukowski sonrió y se dio un día más de vida. Pero luego se dio otro y después otro. Para entonces era un hombre conocido y vivía en una mansión. Era exitoso pero nunca olvidó lo que era, un muerto de hambre que iba a apostar al hipódromo y escuchaba Bach, Mahler, Beethoven pero sobre todo Brahms.

Cuando tuvo 70 años dedicaba el noventa por ciento de su tiempo a escribir. Y el otro diez a pensar qué iba a escribir. Fue un hombre callado y solitario: "Dale algo al género humano y lo rasparán y lo arañarán y lo machacarán". Tal vez por eso no le gustaba mirar el envase de vidrio que le regaló su amigo. Al final de sus días dijo: “Que no te engañen, chico. La vida empieza a los sesenta."

sábado, 19 de abril de 2014

Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta, Por Gabo


La verdad, es que no sé si esta vaina la escribío GM. Pero me gustó lo que dice. Así que por acá la dejo:
 
Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, aprovecharía ese tiempo lo más que pudiera; posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo. Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan. Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz. Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen.

Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto,
no solamente mi cuerpo, sino mi alma. A los hombres les probaría cuán equivocados están, al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse. A un niño le daría alas, pero le dejaría que él sólo aprendiese a volar. A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres…. Aprendi que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subirla. 


He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre. He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse. Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero realmente de mucho no habrá de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo. Trata de decir siempre lo que sientes y haz siempre lo que piensas en lo más profundo de tu corazón. Si supiera que hoy fuera la última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y rezaría al Señor para poder ser el guardián de tu alma. Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo, te diría “Te Quiero” y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes. Siempre hay un mañana y la vida nos da siempre otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuanto te quiero, que nunca te olvidaré. El mañana no le está asegurado a nadie, joven o viejo. Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas. Por eso no esperes más, hazlo hoy, ya que si mañana nunca llega, seguramente lamentarás el día que no tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso y que estuviste muy ocupado para concederles un último deseo. Mantén a los que amas cerca de ti, diles al oído lo mucho que los necesitas, quiérelos y trátalos bien, toma tiempo para decirles, “lo siento”, “perdóname”, “por favor” , “gracias” y todas las palabras de amor que conoces. Nadie te recordará por tus nobles pensamientos secretos. Pide al Señor la fuerza y sabiduría para expresarlos. Finalmente, demuestra a tus amigos y seres queridos cuanto te importan.

martes, 15 de abril de 2014

POR CULPA DE LA TV, cuento


Son las diez y media de la noche y apagan la tv. Es hora de dormir y ambos están en pijama, acostados en una pieza de la finca.
-Debería buscarse una mujer que se parezca más a usted -dice ella.
- Vamos a dormir –dice él.
-Yo soy no para usted, ¿verdad?
-¿Otra vez, con eso, mujer?
-Porque usted es de una manera y yo de otra.
-No quiero una mujer así, ¡te quiero a ti!
-Pero somos muy distintos.
-Ya tuve esa experiencia con Catsé, que era igualita a mí, y vivíamos compitiendo.
-Pero usted y yo no tenemos nada en común.
-Pues sí, pero entonces, ¿por qué llevamos tanto tiempo?
-Ni sé, pero con otra persona usted tendría de qué hablar. Conmigo, usted solo habla de cosas de la casa.
-Pero… eso es porque vivimos juntos… normal.
-¡Oigaaa! ¡No se duerma!
-Ya, mujer, dejemos eso para mañana.
-Cuando vio a esa bailarina en la tv, pensó en Teresa,  ¿verdad?
-Ni sé.
-¡Usted sí sabes, no sea miedoso!
-¡Todos sabemos que soy un miedoso!
-Esa mujer te gusta y te gusta mucho.
-Tiene cosas bonitas, pero tú me gustas más.
-¿Ves? ¡Lo sabía!
-Es bonita, solo es eso.
-Pero tiene piernas bonitas, cara bonita, cabello bonito. Y supongo que se ejercita y cuida su dieta.
-Pues sí, es bailarina, ¿no?
-¿Hiciste el amor con ella?
-¡Por Dios, ¿Cómo se te ocurre?!
-¿Me puedes mostrar tu correo?
El hombre estira la mano, alcanza su celular y ella se lo arrebata de un manotazo.
-Dame la clave.
-Para qué, igual la voy a cambiar.
-¿La va a cambiar?
-Pues… Lo que digo es que podría cambiar la clave.
-¿Es que tiene mucho que esconder?
-No, para nada.
-Entonces ¿por qué tiene tanto miedito?
-¡Vas a entrar al correo, o no!
-Deme la clave.
-¿Y tú me darás la tuya?
-Usted ya la tiene hace rato, no se haga el bobo.
Ella abre el buscador en el correo y digita con los pulgares, mientras él simula que se relaja. Ella no encuentra nada raro.
-¿Ves…? no tengo nada.
-Espere.
-Vamos a dormir.
-¡¿Y esto qué es?! -Ella grita-. ¿Le dedicó una canción?
-¡Pero mujer, cálmate! Solo se la recomendé.
-Yo le quería mostrar esto, pero yo he visto otras cosas.
-No entiendo.
-¿Y sabe qué? Eso no me importa.
-¿De qué estás hablando?
-No me importa que se haya acostado con ella en la cama donde yo he dormido.
-No me acosté con ella.
-Ni que le hubiera bailado flamenco en tacones y ligueros.
-¿Por qué dices eso?
-Ni que tenga un cuerpazo, ni ese cabello dorado de reina, ni los senos rosados de salmón.
Ella hace con los dedos índice y anular signos de comillas, citando alguna frase. El hombre se queda callado.
-Lo que me importa, y mucho, es que ella está enamorada de usted. Y usted de ella. Si usted hubiera dejado las vainas relajadas, sin amor.
La mujer comienza a llorar desconsolada. El no sabe qué hacer. De repente, ella se levanta furiosa y va hasta el armario. Saca el revólver calibre 22 corto. El hombre va detrás, pero no puede detenerla. Ella le quita el seguro y le apunta.
-¡Ey, cálmate! -Y trata de aprisionarla en un abrazo.
La mujer lo esquiva, lo empuja y se recompone separando las piernas. Apunta llevando la pistola con las dos manos y dispara contra el pecho del hombre. Uno, dos, tres tiros que lo dejan abatido. El hombre cae boca abajo contra el piso de madera de la finca. La sangre comienza a encharcar la habitación. El olor a sangre es asqueroso. En esas, entra la niña a la pieza y ve toda la escena. Ambas tienen los nervios destrozados. Como pueden, empacan sus cosas y se largan de ahí.

domingo, 6 de abril de 2014

Perfil de Enrique Bunbury


No importa que Enrique Bunbury se ponga las botas negras de tacón se que puso Raphael. Ni que a veces quiera parecer al iconoclasta Jim Morrison. Tampoco importa que interprete “Frente a frente” de Jeanette. Lo que importa es que cuando canta, uno sabe que es Bunbury. Así como Raphael solo canta como Raphael, y Jim Morrison como Jim Morrison, la voz de Bunbury solo suena a Enrique Bunbury.

Pero no solo eso. Nacido en 1.967 en Zaragoza, y hoy con 46 años, ha desarrollado una obra no solo profusa, sino importante. Ya suma catorce trabajos grabados en estudio: cuatro con Héroes, ocho en solitario, uno con Nacho Vegas y otro con el colectivo Bushido. Y convertido en una de las referencias musicales más representativa, original y honesta del panorama musical hispanoparlante. “Lady Blue” y “El club de los imposibles” en solitario, y “Entre dos tierras” y “Maldito duende” con Héroes son canciones obligadas en cualquier lista de rock en español. Este año ya colgó otro disco de platino por cuenta de las ventas. Lo recibió en México por más de 60 mil unidades vendidas de su último álbum Palosanto.
Además es un productor efectivo y pulcrísimo de sus propios trabajos. Desde que dejó a los Héroes del Silencio decidió hacerse cargo de la producción de sus canciones. Algo así como un actor que dirige también la película. Ya ha dicho en diferentes entrevistas que le gusta tener el control de lo que quiere trasmitir con su música. Un objetivo que no siempre se logra cuando se deja la producción en manos ajenas. Ya la lección la aprendió desde el trabajo “El mar no cesa”, con los Héroes, done el productor hizo que la banda sonara más pop. Esto con el fin que el grupo sonara más comercial, restándole la energía rockera que la banda proyectaba en vivo. Desde entonces, Bunbury está al tanto de lo que deja en el estudio de grabación.

La literatura en Bunbury

A través de su historial musical ha acudido a la literatura para escribir sus letras. Desde sus inicios, estuvo a la sombra de William Blake. La famosa frase del poeta inglés: “El camino del exceso nos dirige hacia la torre de la sabiduría” fue reescrita y cantada en la canción El camino del exceso. Y en “La Chispa adecuada” se habla sobre la desmitificación del amor, de la que escribió el mismo Blake. La Sirena varada es un resumen de la obra de teatro con el mismo nombre de Alejandro Casona. Charles Baudelaire, Jorge Manrique, Antonio Machado y la Generación del 27 son constantes referentes literarios en Héroes. Y en “Radical sonora”, su primer trabajo en solitario, Bunbury tiene el tema “Alicia”, en una evidente influencia de Lewis Carroll y, en la misma canción, de la mitología griega clásica cuando habla de Teseo, el Minotauro y su laberinto. Además, Bunbury estuvo muy cerca del poeta español recién desaparecido Leopoldo María Panero y de su cruda y rebelde obra escrita. Pero tal vez la influencia literaria más contundente es la que ha ejercido Oscar Wilde. Su apellido artístico, Bunbury, lo sacó de un personaje de la obra de teatro “La importancia de llamarse Ernesto” de Wilde. El nombre real de este cantante español es Enrique Ortiz de Landázuri. Además la canción “Salomé”, está basada en la obra de teatro que el mismo Oscar Wilde escribió.

Las canciones que necesitamos 

En la canción “Prisioneros” dice: “las grandes canciones, son las que necesitamos”. Y así es, sin importar que cada vez el corte sea distinto. Cada trabajo de Bunbury es una apuesta nueva y arriesgada. Un ejemplo es el álbum “Las Consecuencias”, donde estuvo hurgando en el folklore de los Estados Unidos. Luego en “Licenciado Cantinas”, le pasó revista al cancionero popular de nuestro idioma. Y en su último trabajo “Palosanto” parece mirar hacia el futuro. El estilo de Bunbury pivotea entre la tradición y la vanguardia. Entre el barrio y la metrópoli. Entre lo melodramático y excesivo, la mística y el surrealismo. Bunbury siempre cambia y aún así hay siempre es bohemio, romántico, pesimista a veces, optimista otras. En sus discos y video clips se tiene la sensación de asistir a un road-movie, siempre hay un tinte cinematográfico. Como él mismo lo reconoce: “mi música tiene un trasfondo de huida hacia adelante, de carretera interminable, en paraje desértico.”

A su hija la bautizo Asia, en referencia quizá al continente que le abrió las puertas de la percepción en los lagos del Pokhara y Kamandú. Asia robándose la H, de la preposición “hacia” que denota una dirección de movimiento, con ese movimiento que siempre lo ha caracterizado.

El Palosanto de Bunbury

Al Palosanto en Medellín le llamamos Guayacán, un árbol que forma una madera pesada y de larga duración. Pero ¿por qué Palosanto? Él mismo lo dice en su página web: “Tendré que inventarme algo: ¿Un modelo de ovni vintage de los años cincuenta? ¿La madera con la que se construyen las guitarras que utilizo y los bates de béisbol con los que intento destrozar los cajones en los que me encasillaron?” O afirmar lo obvio: su intento por hacer una música como la madera del árbol: de larga duración.
En las primeras canciones de Palosanto hay un enfoque entusiasmado sobre las revoluciones sociales de los últimos años. El título del primer tema Despierta es ya una declaración de intenciones y sienta las bases de un trabajo que suena muy conceptual. Pero a medida que avanzan los temas, las letras y los sonidos se recogen y concentran en la verdadera revolución: la que hace cada uno en su interior. Aún así, esa vos de conciencia social me recuerda a Gonzalo Arango cuando dijo: “Tu palabra es más explosiva que la bomba, pero sin consecuencias que lamentar.”

La gira de conciertos de Palosanto ya pasó por República Dominicana y seguirá por Guatemala, Honduras, El Salvador, Costa Rica, Colombia, Perú, Ecuador, Chile y Argentina. A Bunbury lo queremos en toda la América. En Junio y Julio, recorrerá España. Y en Septiembre, volverá a Estados Unidos, donde vive en Los Ángeles con su esposa e hija. Cuando le preguntaron cómo le gustaría que fueran las ruedas de prensa de la presentación de Palosanto Bunbury contestó: “A mí me gustaría hacer una sesión de Ayahuasca con la prensa. ¿Qué te parece? Vomita antes de escuchar, sería la premisa.”

Búsqueda constante

No importa que a Enrique Bunbury lo tilden de pedante y vanidoso. Lo otro que también es cierto es que valora la soledad y el silencio. No importa que Enrique Bunbury se ponga las botas de tacón de Raphael para quedar a la altura de Andrés Calamaro cuando cantan juntos y no se note su estatura. Lo que importa es que es un artista con una ideología precisa y una búsqueda constante y atractiva.

Hoy 27 de marzo se presenta en Medellín y el fin de semana en Bogotá. En esta ocasión, y de acuerdo a lo que se ha visto en los conciertos de Centro América, será a lo grande, con un espectáculo audiovisual de gran complejidad técnica. Esperamos que sea un éxito el concierto y que su carrera nos siga dando buenas canciones. Las canciones que necesitamos.