martes, 23 de mayo de 2017

PIEZAS DE MOTEL, relatos

En la etiqueta PROYECTOS EDITORIALES, están los proyectos de escritura que esperan a ser publicados.
 

Colección de relatos con situaciones de presión en el matrimonio moderno.

PUES SÍ, PERO NO CON ESAS GANAS

¿Por qué es tan frecuente el romance entre jefe y empleada? Este tipo de relaciones son tan comunes como la que sucede entre el profesor y la alumna o el vigilante del edificio y la chica del servicio doméstico.



Esta semana me encontré con Diana en pleno centro de la ciudad. A punto de saludarla, recordé que hace 15 años, cuando teníamos 17 y éramos novios de colegio nos dábamos unas vibrantes revolcadas. En las tardes, nos volábamos de clase y nos íbamos a mi casa o a la suya, según la casa que quedara sola. Tenía un hermoso lunar en la nalga que siempre le mordía y al que yo le puse el nombre de Ramona. Y utilizábamos esa clave para decirnos cosas en secreto como “¿Si vamos a montar bici con Ramona?” o “lo rico que estuvo ayer el capítulo de Ramona” Y ella se burlaba de mi sexo, diciéndole Arturo, porque así se llamaba un vendedor de hot dogs, uno de la esquina, un señor con un bigote negro y delantal blanco, que surtía el pan con una salchicha alemana olorosa y agría.


LO QUE PASA CON MIGUEL
Lo que pasa con Miguel es que hay veces que me entra desconfianza. Miguel trabaja en una oficina de arquitectos en un prestigioso y florido sector de la ciudad. Las compañeras de Miguel, entre ellas Yolanda, o mejor, todas, son hermosas. Arquitectas delgadas y diseñadoras con unas pintas lindísimas, siempre en tacones y faldas, menos los viernes cuando van de jeans y zapaticos de puntas afiladas y tacón bajo.

SELFIE
Lo primero que hizo Amanda cuando se despertó fue mirar el rostro de Jorge. La luz de la calle se filtraba al cuarto a través de las láminas de la persiana americana. El rostro del hombre era cerrado y estrecho. Amanda le dio un beso y se levantó en pijama corta, muy corta. Fue descalza hasta el baño. Enjuagó su cara y se miró en el espejo. Uno no decide en cuales corazones suicidarse. Caminó hasta la mesita de noche y arrastró su celular. Volvió al baño y cerró con seguro. Enfocó una selfie contra el espejo y chequeó la foto. Se quitó el pijama. Se hizo de lado y practicó un quiebre de cintura y una cara coqueta y luminosa.


CAJITA DE PANDORA
Cuando salí del baño con la toalla enrollada en la cintura, estaba enojadísima. Había encontrado un par de condones debajo de una biblia que tengo en ese cajón. Con Yúrica nunca había usado condones. Desde el principio, cada uno le había inspirado tanta confianza al otro, que ninguno pidió que los usáramos.

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