jueves, 21 de marzo de 2013

LOS AMIGOS QUE QUIERO



No soporto a la gente que no siente lo que dice.

No soporto a quienes no experimentan lo que hablan,
ni lo aprecian,
ni lo respetan,
ni lo calculan.

Gente que hablan en clichés, palabrerías…,
¡paja!
Así estén tratando sobre religión o política.

Almas muertas que hablan. Gente que repite pensamientos de otros, que parlotean en vez de ponerse a pensar.

¡Pensar, carajo! 
Pensar de manera humana,
directa.

Conozco otra gente que, por el contrario, es capaz de sentir lo que habla,
que puede tener una conversación genuina sobre, digamos,
la niebla que cae ahora en Medellín.
¡Con este frío tan tremendo!
La niebla de Medellín, en boca de un conversador genuino, es un tema pertinente, interesante,
sincero...

La diferencia entre una gente y otra, creo, es que la gente sincera, tiene la capacidad para concentrarse en la conversa.
Saben escuchar
escuchar
escuchar es una gran virtud.
Yo aprendí a escuchar.
Y lo aprendí leyendo.
Dejando que el libro me hablara. En silencio, concentrado en lo que me decía el libro.
Pero la gente no sabe leer, y por eso no sabe escuchar.
Por eso la gente que no sabe escuchar, y que no sabe hablar siempre están pensando en su próxima respuesta.

Quienes saben escuchar saben conectarse con el presente.

Los malos conversadores son aquellos que te quiebran las frases con sus comentarios,
sus palabras lanzados como garrotazos…

Te digo, esta otra gente que sabe escuchar es sincera. Y lo es  porque siente lo que habla, lo experimenta y lo aprecia...

Son los amigos que quiero tener: gente que siente lo que dice.

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BALLESTEROS

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