viernes, 7 de enero de 2011

AGUINALDOS Y HOBBIES

Una pregunta que nos desvela en diciembre, pensando en el aguinaldo del prójimo, es ¿Qué le regalo? Metidos en la cama, hemos llegado a sentir verdadera angustia dándole vueltas al asunto. ¿Será que le regalo una camisa? ¡¿Otra vez una camisa?!

En una noche de zozobra, desvelado por no saber qué regalarle a mi jefe, llegué a una solución luminosa. Que se joda, este año repite botella de vino.

Pensando en ello llegué a un sencillo procedimiento: si me pregunto por un regalo y no encuentro fácilmente la respuesta, no me culpo. El problema no es mío, es del prójimo a quien pienso regalarle. El problema es suyo por ser una persona simple y sin pasiones. Si al menos cultivara una pasión en su tiempo libre sería muy fácil escogerle un regalo.

Por eso creo que la gente debería tener más hobbies solamente por una razón: facilitarnos la compra de su aguinaldo. Regalarle a un tío pintor es un verdadero placer. Se visita una tienda de arte y se le quiere comprar de todo. Pinceles, paletas, acuarelas, accesorios y libros de arte. Cuando el tío destapa el regalo, ambos quedamos felices. No importa que cada tanto repita las acuarelas. Al tío nunca le sobran.

En ese sentido, no hay nada más harto que regalarle a una persona que no tenga hobbies. Así como en la familia hay un tío pintor, en la oficina de trabajo hay un sujeto que se aburre en el tiempo libre, es decir, es una persona desaliñada. La escena es la siguiente: el día de su cumpleaños le entregamos un regalo. El no tiene idea de lo que hay envuelto. Por un segundo se emociona rompiendo el papel regalo y su emoción nos envuelve. Compartimos su expectativa. Un instante después, al descubrir unos pantaloncillos el desengaño es simétrico. El suyo, al ver la pendejada de regalo, y el nuestro, al notar su decepción. Es terrible. Sin embargo, la culpa es suya. Quién le manda a no tener un hobby.

A través de la escogencia de un regalo definimos la personalidad de la gente. Hay personas a las que se les regala muy fácil. Son las más divertidas. Coleccionistas, deportistas y aficionados. Tienen gustos personales y no necesidades generales.

Si para definir a una persona apelamos a la escogencia de un regalo, el procedimiento también funciona de manera inversa: podemos descubrir lo que piensa y dice el prójimo de nosotros a través de sus aguinaldos. Sí en este diciembre el sobrino le regaló una camisa, es porque cree que usted es una persona muy aburrida. Si no fuera así, le hubiera regalado otra cosa, un DVD, un póker, un libro o un encendedor metálico.

Nuestros hábitos en el tiempo libre son pistas para que los allegados encuentren fácilmente un aguinaldo o buen regalo de cumpleaños. El mismo regalo deja en evidencia lo que somos realmente. El sicoanalista Carl Jung dijo alguna vez que, contrario a lo que se cree comúnmente, nuestra personalidad no es definida por la profesión, sino por la utilización del ocio, cuando quedamos por fuera de horarios y órdenes ajenas, como en los sueños. En ese momento emerge nuestra más profunda personalidad.

Si la pregunta por un regalo nos desvela, es porque esa persona a la que pensamos regalarle es muy simple, y ese desvelo, ese conocimiento de la simpleza del otro no deja de resultar un tanto amargo.

3 comentarios:

Lalu dijo...

¿Y a vos qué te dieron de aguinaldo?

Andrés Delgado dijo...

Lalu, lo que más me gustó fue una caja de colores prismacolor. Los dibujos me quedan horribles, pero es una excelente terapia sentarse a rayar mamarrachos... desde que vayan directo a la basura.

Lalu dijo...

Qué nota de regalo. A mí lo que más me gustó fue la carta que me dio el niño dios.

BALLESTEROS

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