miércoles, 12 de marzo de 2014

TE HABLO DESDE LA PRISIÓN


Durante la primera clase, en la presentación del taller de narrativa en la cárcel, uno de los alumnos alzó la mano. Preguntó si íbamos a escribir ficción o realidad.
—Historias reales —contesté.
Y alguien contestó al fondo: 
—¡Oyó, pana! Para que escriba todas las violaciones que ha cometido.
Todos soltaron la carcajada. Y yo también. Claro, más por los nervios, pensando en dónde diablos estaba metido. Luego supe que había sido una broma para medirme. Días antes, un amigo me preguntó muy preocupado qué iba a leer en ese taller.
—Crónica roja —contesté—, que los enganche y aprendan algunos trucos narrativos.



Durante esa primera clase, desde su silla, otro de los discípulos me miraba con violencia. El hombre no me creía ni una sola palabra. Por más que me esforzara, no lo convencía. Era uno de los míos, pero él no lo sabía. Hablé y gasté bromas hasta que le saqué una sonrisa.
Supo que yo era uno de los suyos. Al finalizar esa primera sesión les propuse escribir sobre un episodio de su vida. A la siguiente clase revisamos las tareas. El primero leyó la escena donde apuñaló a su mujer y al amante, cuando los encontró encamados. Y terminó con la voz temblorosa: "Por eso estoy en la cárcel y si volviera al pasado, lo volvería a hacer". Nadie dijo nada. Ni yo. El mismo preso gritón dijo:
—¡Van a traumatizar al profe!
Y otro remató:
—Sí, porque mientras menos sepa, más vive. Entonces me regué en cantaleta. Dije que en el taller nos interesaban las historias conmovedoras, entretenidas y reales.
—Acá no nos importa si la vaina estuvo mal o bien hecha. 

Expliqué lo que Wilde ya dijo: al arte no le interesa la moral. Esa historia nos había dejado en vilo, así que funcionaba. Además, dije, así es la mecánica del taller. Yo esperaba que me contaran sus historias, las más terribles, pero también las más graciosas o las más tiernas.
Así que, dejando por fuera muchas historias y autores, –son veintiocho mis aprendices–, la siguiente es una muestra de lo que se escribió.


Te hablo desde la prisión

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