domingo, 2 de marzo de 2014

¿Por qué este tipo de historias?


Porque quiero darte una cachetada. Pero también quiero tocar la dulce cara de tu vida. Porque quiero provocarte. Quiero que se sientas viva. Porque mi interés estético es impactar las emociones. Y luego generar una reflexión. Emoción y reflexión, como todo el arte. Quiero provocar emociones, porque las emociones no se olvidan. La tristeza de la niñez cuando el viento no soplaba elevando una cometa con tu papá. La ansiedad cuando estabas a punto de dar el primer beso. La alegría cuando por fin compraste los zapatos que querías. Tu historia se ha construido a partir de sentimientos. De odios irreconciliables, de obsesiones insatisfechas, de frustraciones insuperadas y alegrías contradictorias. 

¿Por qué contar este tipo de historias? Porque esa historia te va a pertenecer si provoco un sentimiento. Será tuya. Porque si puedo generar una reflexión, en esa misma medida tu vida recibirá una cachetada. Un manotazo que te hará más consciente, o un halago que hará brillar tus ojos, una flor que podrás lucir en la solapa, así en estos tiempos de tan malos gustos, lucir una flor en la solapa sea un amaneramiento anacrónico y deslucido. Y es una lástima. Yo me pondría una flor en la solapa.

Quiero provocarte una reflexión, pero una reflexión que puedas vivir. No una reflexión muerta, vacía, que luego olvides. La vida exige que pensemos con atención. Ambrose Bierce decía en el Diccionario del diablo que un racionalista está desprovisto de toda ilusión, salvo de la observación, la experiencia y la reflexión. Así la vida pide que uno entienda, pero el entendimiento solo se obtiene si tienes esa rara capacidad de la empatía. Y eso nadie lo tiene. El resto, tenemos que vivir la experiencia en carne propia. La vida pide que aprendamos a respetar, pero respetar solo aquello que merezca respeto, porque la vida también pide una posición frente al canalla, al asesino, al cobarde, al mentiroso. Por eso hay que aprender a juzgar, a comparar, porque quien dijo que “las comparaciones eran odiosas” fue un pobre pendejo llevado al diablo. Descartes y su plano de Equis y Ye no es gratuito. Los ejes comparativos sirven para saber dónde estamos, para hacernos conscientes de nuestra pobreza o nuestra riqueza, sea cual sea la carencia o la abundancia. Por eso hay que aprendas a estimar, a calificar. 

Con este tipo de historias quiero impactar tu rutina de levantada, bañada, organizada y trancón en la calle. De esa vida atiborrada con deberes y operaciones, jefes inteligentes, tintos que no saben a nada, de almuerzos encerrados en ambientes artificiales y aún así tan ricos y bien perfumados, de saludos condicionados, de besos envueltos en escafandras, de relaciones cómodas y certificadas, de sexo aburrido y aún así tan adictivo, de amaneceres sin sospechas, sin miedos, sin alegrías. La cachetada que pretendo.

Lo que intento es tener una historia envolvente, cogerte del cuello, apretarte, ahogarte hasta el final de la historia. Cazarte, torturarte, comerte vivo. Hacerte vivir otro mundo, que huelas, que escuches, que sientas. Que olvides el mundo externo y pases a flotar en ese espacio donde el tiempo se transforma en una entidad lubricada y misteriosa que pasa por el tubo del espacio a una velocidad desesperada y engañosa, distinta, veloz, menos sentida, más suave, porque cuando estás leyendo el tiempo no se siente.

Y cuando vuelvas del viaje, cuando toques tierra de nuevo con tus feos pies, cuando vuelvas a tu aburrida vida, a tu cómoda silla en el salón que te impuso el profesor del universo, al papel de trabajador innovador e irreverente, al actor irreflexivo y obediente, a la esclava feliz que estás hecha, cuando vuelvas a ese lamentable estado, a ese feliz estado, entonces llegues distinta. Sensibilizada. Mirando con otros ojos. Oliendo con otra nariz. Tocando con más conciencia. Con más intensidad. Escuchando los chelos que suenan detrás de los violines en esa loca sinfonía atonal que nunca entendiste y que ahora saboreas cerrando los ojos dando gracias al azar que te puso en el camino a los Impresionistas del siglo XIX. Luego de la lectura llegues distinta. Un viaje con Yajé, un trauma, una mutilación, la muerte. Entonces reflexiones. Entonces, cambie tu vida. 

Mi literatura es una granada de fragmentación que estalla en tu cerebro para volverte añicos la conciencia. Dañarte la cabeza para que tengas que ir al hospital, para que tengas que preguntarte qué has hecho en tu vida.

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BALLESTEROS

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