martes, 30 de noviembre de 2010

EL CLÍTORIS


El siguiente artículo se extrajo del libro ¿Por qué la noche es negra? Del escritor colombiano Julio César Londoño.

El clítoris es un descubrimiento moderno: lo realizó en el siglo XVI Mateo Colón, un médico italiano, y está consignado en el capítulo XVII del libro De re anatomica. Por increíble que parezca, ni Hipócrates ni Avicena ni Fallopio ni Galeno habían advertido la existencia de ese punto, crucial para los destinos de la especie; es decir, amén de miopes, pésimos amantes. La noticia del hallazgo solo vino a ser de conocimiento público, ayer, en 1.996, cuando Federico Andahazi la reveló al mundo en su novela El Anatomista. Como tantos otros, este hallazgo también fue obra del azar. Se produjo un día en que Mateo Colón examinaba los genitales de una paciente, una señora bella, pálida y enferma hasta que los estímulos de la mano del médico, en cuyos dedos latían al tiempo la precisión del cirujano y la levedad del pianista, le volvieron como por milagro los colores a su rostro y la animación a su espléndido cuerpo.

Jorge Edwards me asegura que hay una referencia al clítoris en las Mil y una noches, donde se lo llama púdicamente El enano feliz que mora encima de la concha, pero no logra recordar en que parte. He aplicado los mejores motores de búsqueda a las versiones digitales del libro sin resultado, y estoy por pensar que el dichoso enano no es más que una prueba de la memoria inventiva de Edwards. Pero incluso si lo hallara, sería poco menos que imposible decidir si el pasaje pertenece a las narraciones originales indias y persas o a las interpolaciones que introdujeron en el libro los traductores europeos del siglo XVII en adelante.

Lo cierto es que para la ciencia, el clítoris es un bebé de apenas cinco siglos.

Los responsables de su hipersensibilidad son los diminutos corpúsculos de Meissner; unos receptores nerviosos encerrados en cápsulas en forma de huevo. En el cuerpo humanos hay unos 36.000 corpúsculos por cada centímetro cuadrado de piel lampiña: las palmas, las plantas, el clítoris, el pene, los pezones y la lengua. Son una especie de puntitos G. Su divisa : ¡ Donde hay goce, ahí estamos!.

La tardanza en el descubrimiento obedeció a varios factores: la discreción femenina, la torpeza masculina, la miopía de los sabios y la manera como el muy pícaro se camulfla entre las orlas de los labios vaginales. También influyó la interposición de un velo que todo lo cubría, el tabú de la masturbación, una práctica censurada hasta hoy: el vocablo Pajizo es un adjetivo afrentoso, y la masturbación no es algo que nos llene de orgullo. Si se descubre, demos el caso, que usted se la jala en el computador, queda ante todos como un guiñapo sucio, viscoso y además virtual, que es como decir, inexistente. En realidad, el onanismo on line es sexo seguro y económico, pero eso será tema para otro artículo.

Claro que los buenos sexólogos no se fruncen con el tema. Fernando Calero de la Pava, por ejemplo, saluda así a sus pacientes: Siga, bien pueda, siéntese, por favor. Dígame: usted se masturba?. Si el paciente contesta en forma negativa, Calero comprende de inmediato que está ante un caso grave.

Freud considera el clítoris un pene atrofiado. La definición del profesor vienés nunca les ha simpatizado a las damas, por su supuesto, pero ellas, haciendo gala de su elegancia, no se han rebajado a sugerir jamás que el falo sea un clítoris eolongado, ni una cola delantera, ni nada que menoscabe nuestra masculina dignidad.

Hay varios pueblos africanos y algunos colombianos como los embera chami, indígenas del norte del Valle que practican la infibulación de las menores: les cortan el clítoris a sus niñas con una cuchilla o se los cauterizan con un clavo caliente. La práctica busca quitarles la sensibilidad para que sean fieles cuando se casen, y especialmente para que no se muevan durante el coito, lo que podría precipitar la caída del mundo de las manos del Dios Karabi. Es una costumbre salvaje, claro, pero el temor es justificado: el movimiento de una cadera femenina puede perfectamente alterar la órbita del planeta. Casos se han visto.

En una encuesta realizada para la redacción del Informe Hite se descubrió que el 97% de los norteamericanos ignoraban que las mujeres orinaran por un conducto diferente al de la cópula, A mí, lo reconozco, me sorprendieron ambos datos: el estadístico y el fisiológico.”

Julio César Londoño.- “Por qué es negra la noche”

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