sábado, 13 de marzo de 2010

LA CALLE DEL PORNO






Calle Boyacá: donde el porno y los rezos son parte del mismo rito.

Boyacá es la calle del porno en Medellín. Está ubicada en el lateral de la iglesia de la Candelaria y desemboca en el Parque de Berrio. Es un enjambre peatonal, un mercado callejero de ropa, zapatos, lociones, libros, aparatos eléctricos y un resto de cachivaches. Pero la mayor oferta es de películas pornográficas: en una fecha de pago, y el centro de la ciudad está más congestionado que nunca, llegan a improvisarse hasta 25 puestos de películas. Todas son copias piratas en DVD, ―o copias ilegales―.





En la romería que sube y baja por Boyacá hay gran variedad del género rojo: sexo duro, jovencitas, anal, trios, maduras, gays, pre-natal, inter-raciales, porno famosas, orgías, amateurs, pies, masajes, peli-negras, peli-rojas, gordas, flacas y tetonas. Una copia cuesta 3 mil quinientos pesos, más o menos 2 dólares. Pero si compras 2 DVD´s, sólo pagas 5 mil, y si compras 3 películas, el negocio se cierra en 7 mil. Los vendedores sostienen en los brazos docenes de películas o improvisan en la calle una tabla donde exhiben las caratulas con vergas gigantes y culos redondos. La venta de estas películas está prohibida por ser copias sin pagos de derechos y por ello los vendedores deben estar a cuatro ojos con la policía.



Calle Boyacá: donde el porno y los rezos son parte del mismo rito.

Ojeando las novedades de Jairo, un muchacho que trabaja vendiendo porno en la puerta de la Iglesia de la Candelaria, veo un señor que está a punto de salir de misa. Es calvo y tiene bigote. Antes de salir de la iglesia, gira hacia el púlpito y se echa una bendición inclinándose. Luego camina desprevenido por la acera en nuestra dirección. Esquiva varios peatones y pasa por mi lado. En un reflejo, el señor baja la mirada y los ojos se clavan en una carátula de Jairo. Queda impresionado. La foto que mira es un culo enorme y blanco. Luego sigue caminando despacio, pero no puede quitar los ojos de la foto que lo tiene embrujado. Entonces Jairo lo aborda. Le pone en las manos varias carátulas de jovencitas desnudas. Jairo sabe que las películas de niñas follando, vuelven locos a los más viejos. El calvo, con las carátulas en las manos, se avergüenza, devuelve el paquete que antes recibió y camina ahora con más afán.

“No importa”, me dice Jairo, “un día cualquiera, cuando salga de misa, me compra un DVD”.


No hay comentarios:

BALLESTEROS

Entradas populares