jueves, 10 de diciembre de 2009

LOS PEORES PROFESORES II


En la adolescencia, escuchando a La Polla Records y La Pestilencia, y tomando vino Cherry con mis amigos punketos en el Parque del Periodista, no entendíamos para qué diablos se leían novelas. Nos parecía una tontería leer cuentos, y más, si contaban las historias de campesinos, fincas y carretas de caballo. Éramos, ante todo, rockeros y esos temas del campo nos aburrían tremendamente.

Leer en noveno grado de bachillerato la historia de Pedro Páramo, escrita por Juan Rulfo, fue una pérdida de tiempo. Cuando le profesor de literatura nos obligaron a leer esa novela nos pareció el libro más enredado del mundo. Lo único que entendimos fue que el tal Pedro era un mujeriego a morir y engendró hijos por doquier. De resto, el aporte memorable que nos dejó esa intrincada novela fue el apodo que le endilgamos a Jorge Andrés Giraldo, un muchacho alto y acuerpado, que alardeaba de sus amoríos con diferentes muchachas. Después esta lectura, cada vez que veíamos a Jorge Andrés lo saludábamos chocando la mano

―¡Cómo estás Pedro Páramo!―, le decíamos con malicia, ―cuándo vas a entender que el sexo se practica con condón― y nos moríamos de la risa.

Según los expertos el objetivo de todo profesor de literatura en el bachillerato es probar con evidencias, ―y esto es: leyendo cosas entretenidas―, que meterse en la historia de una novela es una opción tan divertida como escuchar en el recreo las anécdotas de los amigos, ver una película de acción, o seguirle la pista a una buena telenovela. El placer es fundamental, es la base de la curiosidad y el conocimiento.

Ahora nos da pena el profesor, porque sin duda su requerimiento de leer a Rulfo partió de su buena fe. Es seguro que si llevara a la clase una novela negra, tendríamos mejores recuerdos. Siempre se ha dicho que los peores profesores están en el bachillerato.


Lea la primera parte de LOS PEORES PROFESORES: http://moleskin32.blogspot.com/2009/12/catedra-en-trigonometria.html

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