domingo, 16 de mayo de 2010

La teología y el músculo cremastérico

Por Julio César Londoño

http://elespectador.com/columna-203391-teologia-y-el-musculo-cremasterico

UNO DE LOS ASUNTOS QUE DESVElan a los evolucionistas es la razón de que órganos tan vitales como los testículos cuelguen de manera tan vulnerable en lugar de estar protegidos dentro del cuerpo.

De las explicaciones propuestas, la más popular es la que esgrime una razón termostática: el escroto (la bolsa de piel que los recubre) tiene un músculo cremastérico cuya función es arrunchar los testículos junto al cuerpo cuando hace frío, o alejarlos cuando hace mucho calor para mantener los espermatozoos a la temperatura adecuada. El músculo cremastérico recubre el escroto y se contrae no sólo cuando hace frío sino también durante la eyaculación y en los momentos de peligro. Por eso la expresión “se me pusieron de corbatín”, usada para ilustrar sustos mayúsculos, es una hipérbole con fundamento científico.

A pesar de su amplia aceptación, la teoría termostática no explica por qué muchas especies de mamíferos, por ejemplo los canguros, han sobrevivido perfectamente, y de manera más segura, con los testículos en el interior del cuerpo.

Algunos fisiólogos opinan que la ubicación de los testículos del hombre les permite desempeñar una estimulante función sicológica: durante el acto sexual, ellos pampean las nalgas de la hembra, como diciéndole, muy bien chica, vas muy bien, sigue así… así… así… Es una especulación atendible, convengamos, pero resulta demasiado tierna para el severo espíritu de la ciencia.

El 83% de los hombres tiene el escroto izquierdo más largo. Esto no obedece a la asimetría general del cuerpo humano (tenemos un pie más largo, diferentes las dos mitades del rostro, etc.) sino a una brillante solución de diseño: si fueran del mismo largo, los ovoides no se acomodarían bien en el reducido espacio de la entrepierna.

De la cifra anotada, se desprende que sólo un 17% de los hombres tienen el escroto derecho más largo, porcentaje que coincide curiosamente con el porcentaje de zurdos. ¿Existe alguna relación de tipo estadístico entre estos dos sucesos? ¿Guarda la naturaleza alguna simetría trocada entre la longitud del escroto y la lateralidad del individuo? Quizá nunca lo sepamos. Los designios de dios son inescrutables —adjetivo que se deriva, curiosa o cabalísticamente, del vocablo escroto.

La palabra testículo viene del latín testis, testigo, porque en el Alto Medioevo los préstamos se sellaban mediante un ritual parasimpático: mientras el deudor juraba que redimiría la deuda en la fecha y con los intereses pactados, el prestamista le cogía firmemente los testículos. Pero como la cosa se prestaba para abusos y sonrisitas, al cabo de pocos siglos se decidió que el deudor se cogiera sus propios testículos con la mano derecha cuando jurara ante un tribunal. Era como decir, pongo lo que más quiero por testigos. Tal vez de aquí vengan la costumbre jurídica de que haya dos testigos en los contratos, y la sentencia latina, Testis unus, testis nullus: un solo testigo es testigo nulo.

Según un oscuro rumor, existe en el Vaticano una silla diseñada especialmente para evitar que una mujer se les cuele y sea investida Papa, como ya sucedió una vez, con la Papisa Juana. La silla tiene un orificio circular en el centro. Allí debe sentarse, en un cubículo especial, momentos después de la elección y antes del “humo blanco”, el futuro sucesor de Pedro. El Camarlengo pasa entonces con discreción la mano por debajo de la silla, palpa y sopesa circunspecto y finalmente grita: “Testículos habet et bene pendentes” (tiene testículos y cuelgan espléndidamente) y el cónclave responde “Deo gratias” (¡Uf, gracias a Dios!).

La Iglesia sostiene que la leyenda es falsa, que la Papisa Juana nunca existió y menos la silla. Yo tiendo creer que todo lo que se dice del clero es cierto… ¡y es poco!

Los senos, la lengua y la geometría

http://www.elespectador.com/columna-204462-los-senos-lengua-y-geometria

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