martes, 16 de febrero de 2010

TOMANDO UN TÉ DE COCA

Terraza del Café LEBÓN

El té de coca es delicioso y sus propiedades naturales son excelentes para estimular la lectura. Esta semana estuve en LEBÓN y me tomé dos tacitas de “café Condor”, una bebida caliente elaborada a base de café y coca, es decir, una excelente combinación para la lectura. Unas enredaderas verdes separaban la terraza de la calle exterior y le daban al café cierto ambiente íntimo y sereno.
Fui al revistero y cogí una edición de NÚMERO y volví a la mesa. El té de coca llegó humeante, le agregué un poco de azúcar, y sorbí. Riquísimo. A pesar del sol en la tarde, yo quería tomar una bebida fortificante. Más adelante supe que no estaba equivocado.

A un extremo del lugar había un tipo con cara de enamorado, echándole el perro a una nena. Al frente, un par de señores barbados cruzaban la pierna mientras leían concentrados. Era perfecto el silencio. NÚMERO me robó toda la atención. En una hora leí más la mitad. Pero lo mejor de todo, es que recuerdo pequeños detalles de los artículos que leí. Esta extraordinaria reacción memorística fue, sin duda, producto de mi Cóndor.

Siempre he sufrido de una espantosa deficiencia en la memoria y he anhelado muchas veces algún tipo de medicamento que la estimule. ―Sobre todo en medio de un trasnocho, estudiando para un examen parcial de la universidad―.
Las pociones que tomé me pusieron alerta, despierto y abrieron mis percepciones. Estas dos infusiones reaccionaron de la misma manera que lo pueden hacer tres o cuatro café expresos, con la variante de que el corazón no se agita. Y pensé que los profesores en las aulas de clases deberían incluir en sus rutinas una tacita de té de coca. Para estimularles la memoria y la concentración a los muchachos. Da pena que la coca, al igual que la marihuana, esté censurada por esta sociedad pacata e hipócrita. Si de reprobar los estimulantes se trata, deberíamos prohibir también el café y otros más.

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